
La oficina aborda los mercados públicos no como un flujo de cotizaciones, sino como un catálogo de evolución más lenta de empresas que ocasionalmente ofrecen una entrada atractiva al capital paciente.
La cartera de renta variable cotizada es deliberadamente reducida. Las posiciones se toman en un número limitado de empresas cotizadas que la oficina está dispuesta a mantener a través del ruido de mercado y los ciclos de resultados. La rotación es baja por diseño; la convicción se expresa mediante el peso y el tiempo, no mediante la frecuencia. El mandato no consiste en replicar un índice, ni en negociar — consiste en poseer buenas empresas a precios defendibles mientras la tesis subyacente se mantenga válida.
Cada posición se juzga como si la oficina estuviera adquiriendo la totalidad de la empresa a ese precio.
Un número reducido de posiciones, cada una dimensionada para importar — no una aproximación diluida a un índice.
Los periodos de tenencia se miden en años, y la actividad se activa por hechos, no por estados de ánimo.