
El inmobiliario es la disciplina que la oficina practica de forma más directa: adquisición, financiación y gestión de edificios y terrenos concretos.
La firma adquiere posiciones directas en propiedades residenciales y comerciales, principalmente en mercados europeos que conoce de primera mano. Cada adquisición se evalúa por sus propios méritos: ubicación, estructura, solvencia del inquilino y el precio al que la oficina está dispuesta a ser propietaria a largo plazo. El inmobiliario se trata como una disciplina operativa y no como una simple asignación de capital: los contratos de arrendamiento, los planes de capital y las reformas son asuntos en los que el Principal participa directamente.
Las posiciones se mantienen en el balance propio de la firma, sin vehículos mancomunados ni estructuras de capital ciego.
La actividad se concentra donde la oficina cuenta con redes personales e historial operativo.
Los inmuebles se analizan para mantenerse a lo largo de ciclos completos, no para negociarse según el ánimo del mercado.